Algunos años después

1964 Está ahí, cohibido y recién llegado. Extraño entre extraños que también se sienten extraños. Busca en ellos alguna mirada hospitalaria y le devuelven todos un espejo de aturdimiento, el mismo desamparo. Huérfano de acogida, observa desde la timidez. El consuelo está lejos. ¿Por qué me trajiste, padre, a este lugar? Por unas escaleras grises se sube a las habitaciones donde duerme la tristeza. Los sueños no tienen ventanas. Se asoma a la mañana, y ve las caras de los que como él están también mirando los caminos del aire que se pierden en un horizonte de niebla.

Algunos años después. Si alguna vez vuelve la vista, aún vislumbra en lontananza el punto de partida. Lleva andado ya un buen trecho, y los pasos se han hecho a la costumbre. En la memoria guarda las cosas que no pesan y hacen compañía. Atrás ha quedado la parte del recorrido que otros le señalaron. Pasó el tiempo de la certidumbre que protegía contra las intemperies.Y está llegando a la encrucijada que atrae y confunde, aviva y desorienta. ¿Adónde el camino que escoja me llevará? El que traía es la confianza de lo apacible conocido, los otros son la ilusión de lo azaroso aventurero. A Ítaca la velan todavía las brumas de un tardío amanecer.

2014 Es hora de sentarse. Se está bien a la sombra de algunas fechas, como la que él, no por azar, ha elegido. Y aprovecha la ocasión para desandar los días. Tiene borrones el cuaderno, pero en la mayor parte de las hojas hay algo escrito. La letra no es siempre clara, y alterna el lápiz tembloroso con la tinta orgullosa de su trazo. Aunque en algunas páginas se deslizó una arruga, ninguna está arrancada. ¿Será verdad que la vida pasa tan deprisa?Los ojos se le van tras los colores que pinta el atardecer. El viaje aún no ha terminado. Le han dicho que ya falta menos, y en los libros ha leído que hasta llegar a Ítaca le quedan todavía otras muchas islas en que vivir.

Escultura de Mariano Gutiérrez, texto de David Fdez. Villarroel